miércoles, 4 de octubre de 2017

Te recuerdo a menudo, que es otra manera de decir 'pequeñito' y mentir.

Fantaseo con la idea de que en algún futuro -no muy lejano-
nos pille a mano la misma fe, y quieras darme un trozo.

Es absurdo porque ni siquiera, no sé, me baso en una experiencia milenaria común
-de esas que sí tuve- para desear de ti las últimas luces -que en otros no deseé-.

Naranja como la comisura salada eres
sujeto que da vueltas de paladar exquisito
en mi paladar vulgar.

Rojo el día que te vi
existir.

Amarillearán las fotos que nunca nos hicimos
como todo amarillea al final, cuando lo miro
atardecer desde mi Palmeral.

De haber compartido todo lo que soy contigo, qué me quedaría ahora
¿la fe?





martes, 3 de octubre de 2017

La salud.

Es increíble que el cuerpo humano funcione tan bien
después de todo lo que me han hecho.

No ha habido ni un sólo día en el que no haya sentido la mano de dios
en el cuello.

Y la culpa.

**
Si el vértigo es sólo un sentimiento, estoy viniéndome arriba.

Si la ansiedad es sólo un sentimiento, me estoy muriendo de ganas.

Y si el amor existe, lo siento
vivo en mi cama contigua del hospital
y te juro, pensé: por favor, que se ponga bueno
veintidós años sin entender que está ahí sólo
esperando a que yo lo haga.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Todas las cosas rotas son mías

lejos de que más de un par me pertenezca

todas, todas, todas, yo las tengo

guardadas en un huequito hipotalámico

apiladas, juntas, crecientes

con la delicadeza de quien confía

que en algún momento las reclamen

los que las rompieron.

jueves, 14 de septiembre de 2017

15/09

Atada al cabecero
las cuerdas bien sujetas al cráneo
no me dejan salir de aquí, llegar a otra parte.

Te escucho merodear al otro lado de la puerta.

El sonido de una cisterna rota a las tres de la mañana

la gota tras
la gota tras
la gota tras
la gota tras
la gota tras

tornada hasta cerrar los ojos y borrar
el color de mis clases de preparación al parto


porque yo no quise partir.


Pero estoy destrozada

tocada
herida
mutilada
no espero respuesta de nadie.

Y casi no se me nota, es un juego que mantengo no sé con quien:
anido con la lengua hábil el rabillo de las cerezas
por aprendizaje reflejo, por inercia terrestre, por lo que sea;
mi no-escogida determinación es la de esperar
a que el hueso inmascable del fruto

reviente al caer en mi útero tonto

y algún día el hijo de puta

florezca.