domingo, 25 de marzo de 2018

Yugoslavia.

No he comido hoy
así es más ligero el cuerpo.

He descubierto las siete indiferencias
voy a mandarlas al periódico porque quiero un trabajo
que me adule, me explote y me haga olvidar que estoy viva
una regla que me sirva para no pensar qué hay más allá de la escuadra
la perfecta curvatura de las noches que no duermo
los días en los que me dedico a angustiarme.

Porque podría estar haciendo algo más productivo
escribiendo para otros crucigramas, sudokus, sopas de
pollo con mi toque personal y secreto.

No sé, algo de eso
que me convierta en lo más parecido a una mujer de revista
que me venere, me consuma, me engañe sin que me dé cuenta

no me deje tiempo ni para acordarme de que es la hora de la comida.

martes, 6 de marzo de 2018

Nódulo pulmonar.

He escrito lo suficiente sobre el amor como para no haber explicado nada

es mitad: perdón, hice muchas cosas mal

y mitad: gracias, no me importa lo mal que lo hiciste.

Me dan igual las veces que anidé en jaulas de cristal
mi instinto tibio, porque

respiras cerca, y

el aire que desechas, yo lo quiero dentro de mí

tan dentro
que no pueda contárselo a nadie

y afuera, en la tele, en los libros, en la calle
mientras siguen jurando los otros
que sin oxígeno la vida no funciona

dentro, cariño, yo estoy muerta de la risa.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Vivíamos en una burbuja
agua caliente, antípoda de la tierra sucia
sustancia de azúcar, feria infancia, gesto de leche
mar adolescente baila en la memoria hasta acariciar la roca
mensaje sin botella no se rompe, 'quédate', y te quedas, porque de irte
¿a dónde sería? el mundo es un globo y tú lo sujetas; lo vuelas como un cometa
lo ves cada ochenta años, y cada ochenta vidas pasa: pedí ochenta deseos en un 
segundo, tercero, cuarto, novecientos días consecutivos con el sol en la cara
percutiendo el pompero, adorando a la piel humana, las manos ásperas
te recuerdo conduciendo canciones pop azul turquesa
y en la carcajada en la que de repente se expandió
tu peca del labio donde el universo decide
que empieza



y ahí explota

un día: PAM

todo el chicle en el pelo.

lunes, 5 de febrero de 2018

Hay un hilo que une la persona que soy
con cualquiera de las personas que he sido.

Un viernes a medio día,
de marzo temprano
mientras iba de camino a aquel museo
me comía una napolitana de chocolate.

*

Hoy postergo una obligación
simplemente porque no sé
cómo llevarla a cabo

porque averiguarlo requiere de mí un esfuerzo torpe

que no estoy segura ser capaz de resolver con satisfacción.

También postergo otra.

El miedo, inoculado entre mis tareas cotidianas
me ha perseguido como aquel día de camino al museo
en el que no me sentía lo suficientemente preparada para vivir
algo que luego fue de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Siempre estoy
escondiéndome cómicamente con mi napolitana de chocolate, y ahí
he dado con la niña rubia y con la niña con flequillo y con la niña
con un tinte obsceno y con la niña-mujer y con la primera mujer
e incluso, aunque entonces no podía saberlo, también conmigo.

Hoy relego, renuncio, evito, rechazo, giro la cara
a las cosas que me dan miedo
y me encuentro.

Y ojalá fuese en la felicidad; ojalá fuese en la valentía imparable
ojalá fuese en el verme con las manos ayudando
ojalá fuese en los ojos del color del que sé
que los tengo

pero, sin embargo, es en el miedo

el miedo a la incapacidad, el miedo al rechazo,
el miedo a lo que ya sé, el miedo a lo desconocido
el miedo al amor, incluso (porque es electrificar el esófago)
el miedo al miedo, el miedo a la soledad, el miedo
a la calma, el miedo a las mujeres, a los chicos
al cuerpo corrompido, a la piel que dice no
a la vulnerabilidad y al ridículo
y al éxito que me aparte


pero quiero pensar: también en las napolitanas de chocolate.